Altos cargos del Partido Liberal Demócrata (PLD) elegirán mañana entre dos candidatos al dirigente que el próximo martes se convertirá en el próximo primer ministro del país: el carismático Taro Aso o el favorito, el pragmático Yasuo Fukuda.
Los diversos sondeos que los medios japoneses han elaborado en la pasada semana entre los 528 legisladores del PLD con capacidad de voto prevén que mañana Fukuda será elegido presidente del partido con el apoyo de dos tercios de los electores.
La mayoría que el PLD ostenta en la Cámara Baja garantiza que el candidato que el aparato del partido elija será investido primer ministro el próximo martes en la Dieta japonesa.
Sin embargo, la posición del elegido será endeble a causa de dos importantes obstáculos que obstaculizarán el desarrollo de su mandato.
El primero es la firme intención de bloqueo de una oposición fortalecida como nunca tras la dura derrota que infligió al PLD en los comicios a la Cámara Alta del Senado del pasado 29 de julio.
El impacto de esta derrota fue tal que, según muchos observadores y amplios sectores del propio PLD, el actual primer ministro, Shinzo Abe, que ya estaba tocado por múltiples escándalos de corrupción imputados a sus ministros, debió dimitir al día siguiente y no esperar seis semanas.
En segundo lugar, frente al candidato elegido mañana por el PLD planea la indolencia de una población que el martes atestiguará por segunda vez consecutiva la proclamación de un primer ministro sin haber participado en la elección.
La inclinación de los barones del partido por Fukuda se interpreta en Japón precisamente como un intento de distanciamiento de la administración comandada por Abe, que durante el escaso año que ha gobernado Japón ha dilapidado un 70 por ciento de aceptación popular hasta dejarla en niveles del 30 por ciento.
Taro Aso, amigo personal de Abe, fue una pieza fundamental de su Ejecutivo como ministro de Asuntos Exteriores y aunque no fue salpicado por ninguno de los numerosos escándalos que acecharon al Gabinete durante los pasados seis meses no puede evitar haber formado parte un Gobierno extremadamente impopular.
Fukuda está considerado como un buen gestor, con contactos en la burocracia japonesa y una experiencia contrastada durante su largo mandato como ministro portavoz durante el exitoso mandato de Junichiro Koizumi, el predecesor de Abe.
En cuanto a la política exterior, Fukuda tiene un enfoque moderado hacia las vecinas China y Corea y respalda al igual que Aso la misión de apoyo de Japón a EEUU en Afganistán, a cuya prolongación más allá de noviembre Abe vinculó su mandato.
A pesar de la dimisión anunciada por Abe el pasado día 12, la oposición sigue en una posición frontalmente opuesta a la prórroga de este apoyo nipón en la guerra de Afganistán.
El control que la oposición tiene de la Cámara Alta japonesa supondrá un campo de minas para el próximo primer ministro en la empresa de prorroga de la misión militar japonesa.
La dificultad de aprobar esta norma, capital para el PLD, y la anunciada decisión de la oposición de apoyar al líder del Partido Democrático (PD), Ichiro Ozawa, en la elección de primer ministro del próximo martes oscurecen aún más el futuro del próximo primer ministro.
Esta semana los partidos opositores también anunciaron una moción para acabar con la misión militar logística de apoyo a EEUU en Irak.
Los baches en la carretera del futuro líder japonés son tan numerosos que, según una información del diario liberal "Asahi Shimbun", el bloqueo que la oposición ha anunciado ya ha hecho a Fukuda sugerir la posibilidad de un adelanto electoral.
Según esta información, los próximos comicios a la Cámara Baja se celebrarían el próximo mes de marzo, en lugar de la prevista fecha de septiembre de 2009, lo que convertiría al candidato elegido mañana en un mero primer ministro de transición.