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Tokyo, 26 Mayo 2012
Al inmigrante solo le toca el deber: EDITORIAL
INTERNATIONAL PRESS
Kanto - Tokio - / Luis Álvarez / Elsa Inamine/ ipcdigital.com
 

Elecciones presidenciales en Colombia, elecciones presidenciales en Perú, para las de México por primera vez los mexicanos en el exterior ejercerán su derecho al voto por correo, y el próximo año se establecerá el voto desde el exterior para los brasileños.

Poder ejercer un derecho debe ser siempre una buena noticia. Y se acepta como un principio democrático que cada derecho implica un deber del ciudadano. Pero, ¿qué es lo que pasa cuando se habla de los inmigrantes que votan en el exterior? En el caso específico del peruano, parece que solo le toca la parte del deber. Es una obligación acudir a sufragar porque si no lo hace será castigado con el pago de una multa. Y si no paga la multa no podrá realizar ningún trámite documentario en su Consulado. Es decir, la muerte civil.

El peruano tiene pues el deber de ir a votar. Pero, ¿y sus derechos como elector? ¿Qué candidato de los que se presentan y se han presentado en éstas y en anteriores elecciones presidenciales ha ofrecido un plan específico para ayudar a los peruanos en el exterior? Y nos referimos a proyectos que impliquen apoyo técnico, profesional, crediticio, para que las constantes y abultadas remesas que envían los dekasegi a sus familias puedan, si se quiere, ser invertidas en negocios con proyección.

La historia que se repite es la del dekasegi que después de trabajar cinco o más años en Japón jornadas interminables de hasta dos turnos diarios, consigue acumular un respetable ahorro y regresa a su país. ¿Para qué? La inmensa mayoría invierte en construir una vivienda propia y en microempresas o en pequeños comercios.

El horizonte del ex dekasegi es tan limitado que frente a los problemas económicos que implica el diario vivir, dentro de un par de años no le quedará otra salida que volver a emigrar.
Esa es la realidad que los gobernantes de turno no saben valorar. Hasta el momento, el dekasegi ha vivido y sigue viviendo sin apoyo de su gobierno, pero el gobierno sí recibe ayuda de ése y de otros miles de dekasegi, ayuda representada en las millonarias remesas que ingresan al país como dólares frescos que mueven la economía nacional.

Este domingo les tocará nuevamente a los peruanos ir a votar. Muchos perderán un día de trabajo, viajarán largas horas en los trenes, si tienen familia tendrán que trasladarse con los niños, porque no los pueden dejar solos en casa, hay que considerar por lo menos el almuerzo y unos onigiri para aguantar hasta el regreso a casa. Enorme esfuerzo y sacrificio.

Se pide al ciudadano que cumpla con su deber y acuda a sufragar, pero una vez elegido el gobernante este ciudadano no puede ejercer su derecho de exigirle que se acuerde de él, que le ayude a prosperar en la vida, que le dé opciones válidas para asegurar su futuro y tener una vejez tranquila después de años de sacrificio enviando miles de dólares en
remesas.

Por lo menos Colombia cuenta en el Congreso con un representante de los colombianos en el exterior, elegido por estos colombianos para que vele por sus intereses. Es un adelanto, una medida que los países que tienen gran número de ciudadanos que emigraron deberían
de tener en cuenta para empezar a pensar sinceramente en el valor de cada uno de los dekasegi.

Hace unos años, cuando el entonces presidente del Banco Interamericano de Desarrollo, Enrique Iglesias, vino a Tokio, dijo que las remesas de los dekasegi iban directamente "a los bolsillos de los pobres". Esa frase debería quedar grabada en todos nuestros gobernantes. Lo que no hace ningún ministro de Economía lo realiza este trabajador anónimo. Ese es el valor del dekasegi que tiene que ser reconocido y estimulado. (Publicado en la edición del 3 de junio de 2006)

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