Imprimir Imprimir    Enviar Enviar por E-mail      
 
Tokyo, 26 Mayo 2012
El santo poder de la carne. Por Javier Arévalo
PERÚ OPINIÓN
IPC Peru /
 

Alfonso Pucclia entró sigiloso a la parroquia donde el señor José Antonio Bohuytrón, sacerdote católico de los que juran por siempre que se mantendrán célibes, sostenía, paradójicamente, en posición misionero, relaciones sexuales con su esposa, Teodolinda Amaya.

Alfonso Pucclia, el marido cornudo, no iba desarmado, empuñaba un celular con una capacidad de almacenamiento razonable para grabar un video, con una calidad suficiente para demostrar, sin duda alguna, el adulterio que se consumaba.

No vamos a discutir por qué un religioso tiene tratos carnales con una mujer, lo raro sería que no los tenga. Lo que sí podemos preguntarnos es por qué si Bohuytrón quiere servir a un dios hebreo y quiere tener, a la vez, una vida sexual activa, no abandona de una vez por todas a la iglesia católica y se vuelve anglicano.

Quizá sea porque aunque los anglicanos ven con buenos ojos y con suma normalidad no solamente el matrimonio, sino incluso la homosexualidad y la unión de parejas de sexos idénticos, no aceptan que uno vaya por allí haciéndole el amor a las esposas de los otros.

Y es evidente, en este caso, que el señor José Antonio Bohuytrón no solo es incapaz de reprimir sus deseos sexuales, también es evidente que las prefiere casadas.

Nuevamente los creyentes han elevado sus voces al cielo clamando que, por el amor a dios, la iglesia católica abandone la absurda costumbre de exigirle a los hombres y mujeres que quieren trabajar en su iglesia que vivan bajo la represión constante de sus instintos sexuales y los dejen gozar de las bondades que seguramente dios colocó en sus cuerpos para su felicidad.

Pero ¿quién debería escuchar esos clamores? Obviamente los hombres que dirigen la iglesia y que, como José Antonio Bohuytron, andan por allí mirando a las mujeres de otros mientras entregan la ostia o cuando éstas les cuentan en confesión los oscuros pecadillos que guardan celosamente en el corazón.

Copyright 1999-2012 IPC World, Inc. Todos os direitos reservados.