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Tokyo, 26 Mayo 2012
Un niño hoy, un Nobel mañana. Por Javier Arévalo
COLUMNA
IPC Peru /
 

Volví a mi colegio, donde estudié la secundaria, para conversar con un centenar de chicos que habían leído una de mis novelas juveniles. La noticia del Nobel otorgado a Mario Vargas Llosa seguía retumbando en mis oídos. La había escuchado en el radio del taxista que me había recogido de mi casa. Vargas Llosa, el chiquillo que escribía cuentos eróticos a los 14 años y que otro amigo vendía a los cadetes del colegio militar Leoncio Prado, era el serísimo premiado por la academia sueca.

Como ya estaba en la colegio, y todos los alumnos esperaban formados en el patio porque se conmemoraba una de las batallas perdidas por el Perú, en una guerra antigua, donde uno de nuestros héroes más queridos, Don Miguel Grau, había muerto en feroz y desigual combate, me pidieron que dijera algo sobre Vargas Llosa.

¿Cómo se puede hablar ante niños y adolescentes de un hombre que tiene una trayectoria larguísima, con enfrentamientos con el poder político, en una lucha continua contra todo tipo de poder autoritario, con una tenaz vocación que lo ha hecho escribir quizá cien libros entre novelas, estudios literarios, cuentos para niños, recopilación de artículos, obras de teatro y que ha afirmado que escribir es como respirar y que lo hará, como es lógico, hasta que muera?

Entonces recordé esa curiosa anécdota según la cual nuestro premio Nobel había sido un chiquillo que un día descubrió que podía ganarse unos centavos escribiendo cuentos eróticos para sus compañeros de barraca en el colegio militar donde su padre lo había inscrito para que se “hiciera hombre”.

Y entonces recordé que luego de leer La ciudad y los perros, yo lo había imitado y el 4, el “enano” Alvarado, (yo era el número 5 y me sentaba justo detrás de él) se había convertido en mi “agente” literario vendiendo las 4 páginas de cuaderno que llenaba con relatos eróticos inspirados en algunas Hustler, Playboy o Cinco, que metíamos escondidas al colegio.

“Un día, les dije a los niños, uno de ustedes que, hoy hace traversura y media, que cree que las cosas les pasan a otros, quizá sea quien descubra la cura del cáncer, la mejor manera de potabilizar el agua de mar o se gane un Nobel. Un chiquillo cualquiera hoy, puede ser el hombre que mañana transforme el mundo con su imaginación, su creatividad y su capacidad de trabajo. Vargas Llosa no es diferente a ninguno de ustedes y seguramente sigue siendo uno como ustedes: travieso, gracioso, ingenioso y palomilla, siempre”. (Javier Arévalo)

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